|
|
||
| El
24 de noviembre 2006 se inaugura en Mérida una muestra de Lutz
Podolski titulada Hierro y Reflejo, basada en un conjunto
de esculturas luminosas. HIERRO Y REFLEJO La arqueología de lo cotidiano Hace muchos años trabajé en la siderúrgica del puerto de Bremen, en la época del hierro. La ciudad florecía, trabajaban miles de personas y, en los astilleros, salía un barco tras otro. Siempre había grandes montañas de hierro viejo con el que se alimentaban los gigantes crisoles para cocinar el acero. Era un proceso fascinante ver como se derretía cualquier objeto obsoleto bajo la acción del oxígeno. Pero el secreto de un buen acero está en el hierro que se usa de base. Allí se usaban las” pellas”, que llegaban en barcos del Orinoco, decían que era el mineral de hierro más puro del mundo y un gran tesoro. Hoy día, en la era del silicón, me pregunto si todavía existe este tesoro o si desapareció, como desaparecieron los astilleros y el puerto de Bremen. Sin embargo el hierro sigue teniendo ese atractivo para mí. Los primeros objetos de hierro que manejó el hombre venían del cielo, eran meteoritos. Mircea Eliade hablaba de los sacros triunviratos de la India antigua que se componían del príncipe, el shaman y el herrero. Hablaba de sacrificios humanos en los altos hornos y de espadas templadas con sangre. Me pasan por la mente caballeros forrados de armaduras de hierro; el ferrocarril como medio de expansión industrial; la odisea de los indígenas yekuana buscando la ruta del hierro; las guerras, donde la suerte o desgracia del hombre se decidía por la capacidad de los hornos. Pienso en el culto al automóvil y los millones de carros contaminando nuestro planeta. ¿Que hubiera sido si nuestro afán de crear no se dirigiera por la obsesión de presentar sino por el entendimiento? El hierro parece sumamente seductor, una vez descubierto no hay vuelta atrás. |
En ese momento empiezo a recrear objetos “civilizatorios” (¿de civilizaciones imaginadas?) que se orientan solamente en la belleza y fuerza de cada forma. Lenguaje hecho de cualidades visuales y táctiles. Veo mi trabajo, como el de un arqueólogo que tiene que interpretar civilizaciones sólo a través de unos pocos fragmentos que toma de la tierra. Mis esculturas son así, objetos imaginarios rituales de un rumbo que podría haber tomado nuestra civilización. Son funcionales, como lámparas, pero su función no es iluminar, sino crear una atmósfera. El trabajo con el hierro me atrae, el trabajo con la luz me fascina, expresa esa dualidad de la materia. Utilizo material muy pesado y la luz le da una tensión contradictoria. Me paso los días preparando los elementos y de noche los compongo de diferentes maneras, el objeto adquiere sombra y queda sólo la luz que emite. Foco de irradiación, que emana la energía presa en cada obra, como dentro de una catedral. Creo que el concepto de la catedral gótica con sus vitrales es parecido, lo que se invierte es la posición del espectador. Recojo piezas de hierro en los talleres mecánicos, en fincas o recuperadoras. Este material está todavía relacionado con su uso cotidiano. Las entierro por un tiempo, a veces años. Al desenterrarlas, éstas se han transformado y se han recubierto de pátinas, convirtiéndose en objetos históricos o arqueológicos. Este proceso resalta formas, volúmenes, tensiones y temperaturas, olvidándose así de la funcionalidad dentro de la mecánica. |
![]() |